El scroll infinito y la experiencia de lectura

Hoy publica Kane Bennett un interesante artículo en This Is Elevator donde argumenta por qué el scroll infinito en las aplicaciones móviles está destruyendo el consumo de contenidos.

The one great loss which has resulted from the availability of huge volumes of information online is a sense of completeness. When reading a newspaper, it always ends. There is a finite volume of text within that paper that can be read. And that’s key to the reading experience. The knowledge that when you reach the end, you will know all there is to know. When reading a book, you read with absolute confidence that when you turn over to page 500, you will know the answer. You will know how it ends, and you will have finished something.

Efectivamente, estoy de acuerdo con él en que la experiencia de lectura de un libro o de un periódico en papel es mucho más satisfactoria, más completa, en el sentido de que siempre termina. Hay un final y eso nos puede hacer sentir cierto grado de satisfacción por haber terminado algo.

Eso no ocurre con las redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram, donde siempre hay algo que leer. Lo mismo se podría decir de las aplicaciones para leer feeds. Con la diferencia de que normalmente (salvo que uses un servicio que se auto-refresque como Feedly o Digg Reader) siempre puedes controlar la actualización de manera manual. Lo cual para mi es fundamental y es una de las razones por las que no me gusta Feedly.

Sin embargo, entiendo las razones de usar el scroll infinito en servicios como Twitter o Instagram, en cuya esencia está una especie de horror vacui que se manifiesta precisamente por el fluir constante de la información. Un libro, un periódico, una revista, pueden tener un fin, pero en realidad la información nunca termina. Somos nosotros quienes le ponemos un límite. O deberíamos, a riesgo de perder el foco en lo que realmente importa. El miedo a perdernos algo es lo que puede hacernos sucumbir al scroll infinito. Pero existen soluciones como organizar la información en listas (en Twitter) y otras similares en otras redes.

Al final todo se reduce a controlar la información o a dejar que ella te controle a ti. Por eso, por ejemplo, un lector de feeds es más eficiente que Twitter para realizar una lectura reposada de las cosas que te interesan. Por el contrario, Twitter es más efectivo en el tiempo real y la comunicación bidireccional.

Volviendo al concepto de horror vacui lo cierto es que no se que sería peor, el scroll infinito o que Twitter tuviera un final.

Por qué ya no uso hashtags en Instagram

Cuando comencé a usar Instagram solía insertar hashtags en los comentarios de mis fotografías, un montón de ellos, principalmente en inglés, con el objetivo de que otros usuarios pudieran encontrarlas a través de búsquedas o alguna de las muchas páginas web que hacen un seguimiento e indexan esos hashtags. También con la intención de conseguir más ‘me gusta‘ en las imágenes. Y daba resultado, incluso las peores fotografías conseguían muchos ‘me gusta‘ en poco tiempo.

Pero ¿era realmente eso lo que quería? Cuando escribo un post en alguno de mis blogs intento darle toda la difusión posible, en Twitter, en Facebook, donde sea, porque mi labor es escribir y considero que lo que escribo puede tener interés para otros. Sin embargo no soy fotógrafo ni aspiro a serlo. Mis fotografías son en su mayor parte fotos de aficionado, del montón. ¿A quién van dirigidas?¿Por qué las hago con Instagram para que sean públicas?

La respuesta es sencilla, van dirigidas a mis amigos, a mi familia, a la gente que sigo en las redes sociales y que me sigue. Me importa bien poco que mis fotos le gusten o no a un japonés (por poner un ejemplo, no piensen mal) a quien no conozco de nada. Desde que he dejado de poner hashtags en las fotos de Instagram ya solo recibo ‘Me gusta‘ de las personas a las que sigo y me siguen, la mayoría de ellos amigos, compañeros de la blogosfera y colegas. Y eso me satisface mucho más. Sobre todo porque la mayoría pueden entender el contexto y la situación en que se realiza cada foto, y el acto de pulsar el ‘Me gusta‘ tiene más implicaciones que la propia calidad de la imagen realizada.

Es posible que este no sea el objetivo de Instagram, que no sea para lo que lo pensaron sus creadores, pero es el que a mi me sirve.