Posts sobre "Cultura"

La Princesa Prometida, la película que se ganó a internet

Publica The New Yorker el artículo The Movie That Won the Internet sobre como La Princesa Prometida ha alcanzado fama y difusión hasta convertirse en un film de culto gracias a internet.

Those quotable moments are also the reason why the movie’s fame has been amplified in recent years by the Internet, which specializes in distilling a movie to its catchiest phrase or its most sharable GIF. People found plenty of material in scenes like the epic Battle of Wits between Vizzini (Wallace Shawn) and the masked hero, Westley (Cary Elwes), and Peter Cook’s “mawwage” ceremony.

Cuando se estrenó en 1987 yo tenía apenas 17 años y enseguida se convirtió en una de mis películas favoritas. Rob Reiner, el director, creo recordar que había hecho poco tiempo antes Cuenta Conmigo, otra de esas de nunca olvidas si la ves de niño.

La Princesa Prometida es de esas películas que nunca te cansas de ver. Ni tampoco de rastrear lo que fue de sus actores, como Mandy Patinkin, que nos sorprendió (y lo sigue haciendo) a todos en Homeland como Saul Berenson.

Lawrence Durrell en internet y en la blogosfera

Este post se publicó originalmente el 16 de enero de 2008 en uno de tantos blogs en los que yo escribía por entonces. Lo había olvidado completamente, pero revisando emails antiguos me encontré con un comentario dejado por Juliana Boersner en aquel post que, como todos los demás del blog, habían sido pasto de la hoguera en algún momento de finales de ese mismo año 2008. Tengo que decir que no recordaba que estuviera ahí, o de lo contrario lo hubiera salvado entonces. Pero gracias a Wayback Machine he podido rescatarlo. Y para que no se vuelva a perder lo publico ahora, incluyendo el cariñoso y emotivo comentario de mi amiga Juliana, sin cambiar ni una coma.

Lawrence Durrell en internet y en la blogosfera

Cuando tenía 22 años cayó en mis manos un ejemplar de El Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Comencé a leerlo con cierta cautela, principalmente frente a la extensión de la obra en sí. El primero de los cuatro libros, Justine, me dejó noqueado. No sólo por su exquisito lenguaje, magníficas descripciones y la presencia fascinante y exótica de la ciudad de Alejandría, verdadera protagonista de la tetralogía, sino porque Durrell contaba las cosas de una manera que jamás antes había visto. Si tuviera que hacer una comparación musical se me ocurriría que es algo así como una mezcla de Belle & Sebastian con Low o de Mark Olson con la Velvet Underground.

En estas novelas investiga el amor en todas sus formas, y pasajes de gran belleza se mezclan con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual

Luego devoré con avidez los siguientes tres libros: Balthazar, Mountolive y Clea, conformando las cuatro visiones de la misma historia, cada una con su particular punto de vista, cada una aportando algo nuevo al edificio de este mosaico monumental. Me enamoré de los personajes y de sus vivencias, de los lugares en los que vivieron y del mar que los une. Leer El Cuarteto de Alejandría es como contemplar el mar Mediterráneo en un atardecer en calma, como sobrevolar las costas de Grecia en un día claro y limpio, como descender al infierno y descubrir que al regresar lo echas de menos. Toda una experiencia que cambió mi modo de ver la vida.

A partir de ahí recorrí toda su obra, desde las novelas, la poesía, hasta sus interesantes y atípicos libros de viajes, especialmente Las Islas Griegas y Limones Amargos.

Así que hoy, dieciseis años después, me he puesto a buscar cosas sobre Lawrence Durrell en internet y también en la blogosfera. He aquí lo que he encontrado.

En internet

  • International Lawrence Durrell Society. El punto de partida indispensable para todo estudioso que quiera acercarse a su obra. Además publica podcasts.
  • Asociación Lawrence Durrell en Languedoc. Durrell vivió los últimos años de su vida en la Provenza, donde dejó una impronta permanente. La asociación trata de mantener vivo su legado y promover la difusión de su obra. Tienen una interesante filmografía sobre Durrell.
  • Biblioteca Lawrence Durrell. Situada en la Universidad París X de Nanterre. Alberga los materiales y manuscritos dejados por el autor a su muerte en su casa de Sommieres.
  • Durrell School of Corfu. Institución docente que lleva el nombre de los hermanos Durrell, Lawrence y Gerald, quienes vivieron con su familia una temporada en la isla antes de la Segunda Guerra Mundial.
  • Lawrence Durrell: Text, Hypertext, Intertext. Recopilación de algunos ensayos sobre su obra y sus conexiones Gnosticas. También una entrevista en mp3 que le hizo Lyn Goldman en la Pennsylvania State University.
  • The Lawrence Durrell Archive. Sitio que trata de recopilar todos los documentos sobre su vida y obra. Contiene reseñas de todas sus obras importantes.
  • The Lawrence Durrel Collection en la Biblioteca Británica. Colección de libros y publicaciones periódicas de y sobre Durrell, donadas por Alan G. Thomas.
  • Justine (1969). Ficha en IMDB de la adaptación cinematográfica de Justine que rodó George Cukor en 1969
  • Lawrence Durrell (1999). Ficha de un documental sobre Lawrence filmado en 1999, del que no hemos hallado más noticias.
  • El cuarteto de Alejandría, en El café de las ciudades.

En la blogosfera

También pueden consultar los libros de Durrell que hay en Google Books.

Y lo que pensaba su hermano Gerald sobre su obra.

Comentarios

Juliana Boersner: “Si viviera en España te diría algo asi como que: “me has matado” con tus referencias literarias de hoy. El Cuarteto de Alejandría es una de las obras maestras del siglo XX para mi. Podrán muchos pensar lo contrario, pero es tal cual como lo dices, no podría describirlo mejor.

Gracias por esta delicia, y por la de Miller. Voy por Anais.

Saludos!”

Through The Dark Labyrinth, una biografía de Lawrence Durrell

imageEstos días he terminado de leer Through The Dark Labyrinth, la biografía de Lawrence Durrell que tenía pendiente, reposando en la mesita de la cama, desde hace ya dos años. El libro, escrito por Gordon Bowker, autor que desconocía pero que arrastra algo de fama desde su obra sobre Malcolm Lowry, carece de edición española, de versión digital e incluso parece que hace décadas que no se reedita, lo cual es una pena pues es sumamente atractivo para cualquiera interesado en el autor de El Cuarteto de Alejandría o Las Islas Griegas.

Yo lo compré a través de Amazon, de segunda mano, con la sorpresa de que el ejemplar procedía de una biblioteca pública (creo recordar que de una localidad de Virginia), con su tejuelo y todo, pulcramente forrado e impecable. Quiero pensar que procedía de un expurgo y no había sido obtenido por otros medios ciertamente censurables. Pero la duda de por qué una biblioteca expurgaría un libro tan poco común todavía me ronda. En cualquier caso, si se diera la poco probable coincidencia de que alguien de dicha biblioteca leyese esto (y me dijera exactamente el nombre de la misma como prueba, que por eso me guardo), con mucho gusto se lo devolvería ahora que lo he terminado.

Through The Dark Labyrinth, que toma su título de la novela de Durrell El Laberinto Oscuro, repasa la vida del autor con un punto de vista bastante objetivo. No se deja en el tintero los aspectos más crudos o comprometidos, al mismo tiempo que presenta a Durrell como la gran figura literaria que es. Cargado de referencias a cartas y opiniones de aquellos que le conocieron de cerca, algo parco en fotografías, pero abundante en análisis de sus obras e ideas, es al mismo tiempo una biografía que despierta el interés por profundizar en la lectura y revisión de Lawrence Durrell.

Entre los detalles curiosos que no conocía antes de leer el libro están: la admiración de Durrell por la obra poética de Robert Graves (otro de mis escritores favoritos), aunque sospecho que no por el resto de su obra; su amistad con Jacques Lacarriere, cuyo Diccionario del Amante de Grecia tengo en gran estima; y su participación en el guión de la película de Joseph L.Mankiewicz Cleopatra.

Interesante también comprobar la influencia que Ramón Gómez de la Serna ejercía sobre el grupito literario y cultural formado por Durrell, Henry Miller, Anais Nin, Alfred Perlés y otros, a raíz del episodio del elefante.

Pero lo que más me ha llamado la atención es la vida tan increíblemente sencilla que Durrell vivió, casi siempre al borde de la ruina, sobreviviendo mes a mes sin hacer planes más que para el presente. Por lo menos hasta que el éxito le llegó con Justine. Y aún así después tampoco se permitió lujo alguno, salvo el de viajar a Grecia conduciendo su Volkswagen Camper. Durante casi toda su vida tuvo que trabajar, ya fuera para el Foreign Office o para el British Council, con el fin de poder sufragar su carrera literaria. Llegó incluso a vivir un año en Argentina, un país que terminó odiando profundamente, tan alejado de su paraíso Mediterráneo.

Al mismo tiempo a lo largo del libro se entrevén las vicisitudes de amigos escritores, como Henry Miller o el poeta Gawsworth, cuyas vidas también están bastante alejadas del glamour con el que nos las solemos imaginar. De hecho, una vez Durrell comenzó a tener éxito solía enviar dinero a muchos de ellos, al borde de la desesperación.

Al final del libro se incluye una bibliografía divida según géneros, que me va a servir para rastrear todas esas obras suyas que todavía no he leído. Por cierto que su primera novela, Panic Spring, está incluida en la recopilación editada por su amigo Alan Thomas junto con cartas y ensayos en el libro Spirit of Place, lo cual desconocía hasta que hoy me ha llegado un ejemplar dándome una agradable sorpresa.

Kindle, una pésima herramienta de lectura

Uno de mis propósitos para este año es leer más. Por lo menos, leer tanto como leía en mis tiempos de estudiante. Va a ser dificil porque uno ya no tiene el mismo tiempo libre. Pero arañando minutos al día, reduciendo el tiempo que pierdo en las redes sociales y cambiando algún mal hábito adquirido, quizá lo consiga.

El caso es que ahora mis lecturas las hago principalmente en el iPad con iBooks, lo que me encanta porque me permite subrayar, anotar y luego exportar esas notas por email en un formato bastante elegante y ordenado.

Pero me había propuesto rescatar también mi cuenta de Kindle y algunos de los libros que tengo allí, como The White Goddess de Robert Graves, uno de mis libros favoritos. Cual ha sido mi sorpresa al comprobar que no hay forma nativa de exportar las notas y los subrayados desde el Kindle, algo que nunca antes había comprobado.

¿Cómo es posible? Que haya que acceder a la web de Amazon y luego usar algo como Evernote para capturar las notas es realmente weird como dicen los americanos. ¿Qué gana Amazon con no dejarnos exportar fácilmente nuestras notas? ¿Es por tocarnos las narices, por dejadez, por política de empresa? Sinceramente, no lo comprendo.

Como lector el Kindle puede estar muy bien, pero como herramienta deja mucho que desear. Así que adiós Kindle. Sigo con iBooks y con Marvin, que sí es una auténtica herramienta de lectura, y no sólo un escaparate como Kindle.

Debería pagar TED a sus conferenciantes?

A todos nos gusta TED, ya sabéis, esas charlas sobre temas puntuales científicos o sociales que suelen ser muy didácticas y entretenidas. No es que sea un seguidor acérrimo, pero si que he visto varias de ellas, ya sea porque las he visto recomendadas en algún blog o por la insistencia de algún colega que acababa de dar una charla TED… Y me gustan, me parecen (por lo menos las que he visto) realmente interesantes. Y además me maravilla cómo han conseguido viralizar algo que en principio no se prestaba demasiado a ello.

El caso es que me encuentro con un artículo de Frank Swain en Medium titulado Why I’m Not a TEDx Speaker que me ha hecho reflexionar un poco sobre cuestiones que nunca me había planteado acerca de TED.

La primera queja de Swain en el artículo es que ninguno de los conferenciantes de TED recibe ni un euro, aun cuando las entradas al evento cuestan una pasta. No tengo ni idea de en que se invierte ese dinero si no se paga a quien ofrece la charla. Pero por otra parte, participar en una charla TED tiene el beneficio de que te escuchará mucha más gente de la que habitualmente lo hace. Así que, si no necesitas el dinero, puede ser una buena opción para promocionarte. Entiendo que Swain no quiera participar porque no le pagan, yo tampoco lo haría si no me pudiera permitir el desplazamiento, el alojamiento o lo que sea que implique. Aunque no creo que sea el caso.

La segunda queja de Swain tiene que ver con las TEDx, una especie de eventos a menor escala, pensados para una audiencia de unas cien personas. Estos eventos son una especie de franquicias de TED, son independientes y están pensados para que cualquiera pueda organizar un evento al estilo TED. Dice Swain, y en esto estoy de acuerdo, que da la impresión de que TED ha inventado el asunto, cuando ya los antiguos griegos daban charlas en público sin tener que pagar una franquicia. Lo que pasa es que la franquicia no son las charlas sino la marca, y esto ya es diferente.

Termina Swain argumentando que vale, que TED es una organización no lucrativa y por eso no puede pagar a los conferenciantes. Pero sí que paga a los operadores de cámaras, a los encargados de las luces, el catering, el alquiler del local…

Ya digo que no conozco demasiado los entresijos de TED, ni si todo lo que comenta Swain es cierto o no. Pero creo que se equivoca porque al final es una cuestión de opciones, no de si te pagan o no por tu trabajo. Quiero decir que creo que TED no es un trabajo sino una oportunidad, por lo menos en estos momentos. Que os parece a vosotros?

Todo lo que sabías de Edison es falso

Thomas Edison, in other words, is not so much the man behind the myth as his story is the myth behind the man. How crucial, after all, is the story of Steve Jobs to the image of Apple? Or of Larry Page and Sergey Brin toiling away in a garage (ironically enough, in Menlo Park, Calif.) to our perception of Google?

Alison Griswold desmontando el mito de Edison (y algunos otros inventores famosos), y la diferencia que hay entre saber comercializar tu propia persona y el trabajo de otros, o ir por libre. Muy interesante.

Doug Tompkins: la tecnología detiene la evolución y destruye el mundo

He challenges the view that technology is extending democracy, arguing that it is concentrating even more power in the hands of a tiny elite. What troubles him the most is that the very social and environmental movements that should be challenging the destructive nature of mega-technologies, have instead fallen under their spell

Doug Tompkins, el fundador de The North Face, arremete contra la tecnología, e incluso contra las organizaciones ecologistas. Está deteniendo la evolución y destruyendo el mundo, dice. Aunque en realidad creo que a lo que se refiere es al uso que se hace de la tecnología, no a la tecnología en si misma. Pues cualquiera con un poco de perspectiva sabe que es precisamente la tecnología lo que nos hace avanzar, y algún día nos permitirá sobrevivir.

La paradoja de Continuum

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Estos días estoy siguiendo la segunda temporada de Continuum, una serie de ciencia-ficción canadiense que mezcla un futuro distópico con el viaje en el tiempo. Ya la primera temporada no suscitó demasiado interés, injustamente en mi opinión, y en esta han tenido que ajustar la trama para darle mayor continuidad a la historia y, previsiblemente, finalizarla totalmente.

La historia cuenta como en un futuro no demasiado lejano, en unos 60 años más o menos, la democracia parlamentaria ha sido sustituida por el gobierno corporativo de las empresas, fundamentado en el derecho que les otorga la propiedad de la tecnología, necesaria para mantener el orden. Todo está supeditado a la preeminencia de la tecnología como herramienta para asegurar la supervivencia humana, al precio que sea, incluso a costa de la libertad.

Y la paradoja está en que el argumento juega con los sentimientos y valores del espectador. De mano te identificas con el personaje protagonista, la policía del futuro que persigue a los terroristas violentos que pretenden restaurar la democracia. Precisamente porque te sitúas en el lado contrario a la violencia.

Pero no puedes dejar de darle vueltas al asunto, intentando discernir si realmente no estás cayendo en la trampa de los guionistas, y finalmente incluso la protagonista abrirá los ojos a una realidad bien distinta.

Son este tipo de historias que caminan sobre el filo de la navaja las que más me hacen disfrutar, del mismo modo que lo que más me interesa en la Historia son esas épocas de cambios en las que los valores dan un vuelco y la sociedad se transforma en algo completamente distinto.

Siempre me he preguntado qué pasaría por la cabeza de un romano viviendo en la caída del Imperio. Seguramente en el futuro se interesarán por los pensamientos de un ciudadano ante el 11S, quizá inmerso sin darse cuenta en un proceso de cambios radicales. Creo que esta serie va un poco de eso también, y por ello me atrae independientemente de su calidad fílmica.

The Newsroom, amor y odio

I hate it because it attempts to glue a patina of supposed respectability, thoughtfulness, intelligence, professionalism, care, and concern onto television news when the truth is that television news is just crap

Jeff Jarvis odia The Newsroom, la serie de TV de Aaron Sorkin sobre el periodismo en televisión. Y da muy buenas razones al respecto.

Confieso que a mi la serie me parece una metáfora de lo que podría haber sido el periodismo televisivo y que por desgracia no es.

Y me pasa lo mismo que a él. Al final, no puedo dejar de verla.